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El Itacate:¿Qué comen los guerreros?

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EL ITACATE

¿Qué comen los guerreros?

Por Chef Ramiro López

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A FACE chefzote

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Cuando en mi tierra decimos que “alguien comió gallo”, nos referimos a personas que reaccionan con bravura ante diferentes circunstancias y este pareciera ser el caso de la gente aquí en “guerrerotitlán”. Al recordar la huida dedicada a J. María Morelos, no podemos omitir el hecho de que un gran número de guerrerenses participaron en su lucha, entre ellos el mismísimo Guerrero en cuyo honor nombraron a este bello estado. Guerrero, no sólo ha sido cuna de Bravos, Guerreros y  Galeanas, este estado también vio nacer a grandes escritores, políticos, futbolistas y hasta astronautas. Por eso, yo me pregunto; ¿Qué comen los de Guerrero?

 

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De chile, mole y pozole.


La cocina guerrerense, al igual que la de la mayoría de los estados del sur mexicano, es el resultado de la fusión de la cocina europea con la autóctona, siendo ésta segunda la que más predomina. Ingredientes nativos como el chile son básicos en la elaboración de múltiples platillos como el mole rojo y verde, el clemol, ayomole, huaxmoles y chilmoles. Por otra parte, en algunas regiones como Tierra Caliente, son los animales de caza como la iguana y el armadillo los que se preparan en mole.  Otro ingrediente básico de la comida guerrerense es el maíz,  el cual encontramos en preparaciones sencillas como las memelas, picadas, chalupas y tostadas. Además, el maíz es básico en los diferentes tipos de pozoles como el de elote, el verde, y rojo el cual es una tradición comerlo todos los jueves en diferentes fondas de Acapulco.  

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Por la libre


Siempre que se habla de Guerrero se piensa en las paradisiacas playas de Acapulco bañadas por las olas del Pacifico. Nos visualizamos con un coco de ginebra o una piña colada en una hamaca devorando un mango con todo y sal, limón y chile mientras un niño de mediana edad nos ofrece movernos la barriga por veinte pesos, “brody”. Lamentablemente terminamos omitiendo todo lo que ofrece este bello estado y nos vamos como alma que lleva en diablo, manejando a más de 120, dejando tras de nosotros lugares bellísimos. Uno de esos lugares es Taxco donde, después de visitar su iglesia y los puestos joyeros, podrás probar el mole de jumiles que te pondrá a mover la barriga y el bigote. Más al sur, nada iguala a los pichones y codornices de Iguala. Barbacoa de chivo y borrego de la Montaña, donde también se prepara una versión con carne de pollo y res. La gallina rellena de Chilapa. El adobo en cochinita en Huitzuco.

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Acuérdate de Acapulco


Definitivamente Acapulco se ha ganado un lugar en el corazón de los mexicanos, que lo recordamos por muchos motivos. Desde la canción que Agustín Lara le compuso a María Bonita, hasta el clásico Amor Eterno, Acapulco siempre nos trae viejos recuerdos de romances y conquistas a la mexicana. Pero si se trata de recordar la cocina de este bello puerto, y retornando a mis anteriores visitas, les recomiendo todo tipo de pescados y mariscos que se venden en los restaurantes ubicados por la costera Miguel Alemán. Y para los más aventados, está el mercado central; “¡Ceviches de sierra y jaiba, almejas en su concha, campechana y con cayo de hacha, también tenemos pescado en a la talla, tatemado y empanizado… pásele marchante, llévele, llévele!”- se oye decir en un puesto de mariscos-, mientras de otro local se escucha un pregón; “pulpo enamorado y en su tinta, camarones a la diabla y camarones al ajillo, caldo de langostinos, pruebe y compruebe….”. Entre vendedores, cargadores, desempleados, lugareños y visitantes, la gente se arremolina en los lugares más concurridos, porque nuestra naturaleza es buscar los lugares que estén más atestados, ¿o qué, hay mejor recomendación que esa? Aunque te sientas, como viajero en metro durante la hora pico, la experiencia de una comida comunitaria no tiene igual. Y ya estando entrado en eso de los apretujones y demás cariñitos, por qué no dejarse tentar por las picaditas de Puerto Marqués o déjese hasta agasajar con las pellizcadas acapulqueñas que no cantan mal las rancheras. Por último, para no desentonar esta sinfonía de sabores, acompáñelo con una “petaquilla” elaborada a base de mezcal y concentrado de uvas silvestres, si la noche es joven y la sed mucha, lo que sigue es el desempanse… no dejes de visitarnos porque en la próxima entrega te lo contamos.

 

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