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Huida por una vela (30 de agosto de 2008)

Huida con causa

No era una reunión cualquiera, no era una junta de trabajo común, el rumbo de México estaba en la mesa. “Debemos ir, no sólo como un medio de comunicación para los chavos, por nosotras, por nuestras familias, nuestros hijos, por los chavos también…porque tenemos que alertarlos… y caray por Nuestro México”. Todos estuvimos de acuerdo. Es la huida más importante que hemos realizado, una huida que nos exigía fuerza, entereza, coraje, determinación, pero sobre todo el corazón lleno de fe… Una huida para Iluminar México… nuestro México.

La cita: 6:00 de la tarde; el lugar: uno de los puntos más emblemáticos del Distrito Federal: El Ángel de la Independencia. Ahí estaba esperándonos; majestuoso, como si hubiese emergido ese día del centro de la tierra y se mostrase en todo su esplendor altivo y orgulloso, siempre mirando hacia el centro de la ciudad; como señalándonos el camino a nuestro destino final. Miles de personas estábamos ahí aquel 30 de agosto, rostros desconocidos, endurecidos por el dolor o la impotencia o el hastío; pero unidos en este sinuoso camino que ha enlutecido tantos corazones.
Vestidas de blanco, con nuestras Huidas en el pecho y México en el corazón; iniciamos el recorrido más silencioso y solemne que hayamos hecho en los últimos meses, retraídas; caminando lentamente pero con los pasos más firmes jamás dados, convencidas de que ese camino era EL CAMINO. Ahí estaban las historias de muchos mexicanos, como tú y como yo; un señor levantaba una pancarta que decía “Me asaltaron, me dieron un balazo y hoy están libres”, el rostro de un bebé en la camiseta de su madre que decía “ayúdame a volver a casa, hoy tengo 16 años”… Un padre que perdió a su hija hace dos años en un secuestro; una madre que busca los restos de su hijo al que secuestraron y mataron desde el 2005, un padre que pedía ayuda para pagar el rescate que los secuestradores le exigían; “a penas si saco pa’l día señorita” me dijo sollozando; miles de mexicanos con el dolor a cuestas. Comenzó a caer lluvia y ni así deteníamos la marcha; “debemos seguir, no se detengan” decía la gente mientras avanzábamos.

Nos acercábamos al Zócalo rodeadas de un fuerte dispositivo de seguridad, y de repente el silencio se rompe “México quiere paz” grito alguien… “México quiere paz” escuchamos de nuevo y las voces se fueron uniendo; una a una. Y nosotras hicimos lo propio: “México quiere paz” gritamos con todas nuestras fuerzas hasta que sentimos que la garganta se nos desgarraba, esperábamos que nos escucharan hasta el último rincón del Zócalo, de la colonia… de todo México. Más gritos “México” por un lado; “seguro” contestábamos. “México seguro”, México seguro”, ¡más fuerte “México seguro”! El corazón se me salía del pecho con cada grito. Esa tarde todos los que nos reunimos ahí éramos hermanos, compañeros del mismo dolor; compañeros de celda; Sí, de la celda en nuestras casas que ha puesto la delincuencia y aquella tarde todos, léelo bien TO-DOS, habíamos cruzado las rejas de nuestras casas, los barrotes en las ventanas para enfrentar el miedo y reunirnos ahí, como hace 4 años lo habían hecho los mismos mexicanos.
Llegamos al Zócalo empapadas y cuidando, como si en ello se nos fuera la vida, nuestra vela blanca, nuestra vela que encerraba todas nuestras esperanzas, nuestra fe; pero también todo nuestro coraje e indignación.
Ahí estaba el Zócalo con la bandera más bonita del mundo ondeando para nosotros. Los gritos se hicieron más fuertes, más constantes, más crudos: “Si no pueden, que renuncien”; una frase con la que Alejandro Martí había enfrentado cara a cara al Gobierno después de la muerte de su hijo Fernando, víctima de sus secuestradores, y que marcó a todos los mexicanos.

Hicimos un círculo para encender las veladoras, los minutos pasaban rápidamente, la plancha del Zócalo se lleno de vida blanca, los encendedores comenzaron a pasar de mano en mano, para que a las ocho en punto de la noche todas las velas estuvieran encendidas.

Más gritos, más consignas, más exigencias… México quiere paz, México seguro, Si no pueden que renuncien… a las 8:30 en punto repican las campanas de la catedral y todos guardamos silencio; ahí estaban gritando por todos nosotros la Doña, La castigada…… todas haciendo eco de la canción que a más mexicanos ha hecho llorar en un minuto: El himno Nacional.
Todos estábamos llorando, miré a mi alrededor y no había una sola persona que no entonara el himno con gran orgullo y los ojos llenos de lágrimas. Se nos cortaba la voz pero seguíamos cantando con todas nuestras fuerzas y llorando con todo nuestro corazón.
Esta marcha, chavos, es un parte aguas en el rumbo del país y demuestra que nadie esta exento de ser víctima de la delincuencia, demuestra que no sólo le puede pasar a los Martí; también a los Pérez, los López, los Rodríguez: gente como tú y como yo. Esto significa que tenemos que cuidarnos, hacer conciencia de lo que hacemos cada día y eliminar las situaciones o costumbres que nos hacen blanco de la delincuencia, despertar ese sexto sentido que nos alerta en una situación riesgosa, significa que debemos ser cuidadosos con la información que portamos en la cartera, en la mochila y hasta las páginas de internet que visitamos y en las que dejamos información; demuestra que cuando los mexicanos honestos y trabajadores, nos organizamos logramos grandes cosas.

Parte del Staff


“Estamos aquí porque queremos un México seguro, con paz; porque no tenemos que vivir encarcelados por la delincuencia; estamos aquí por Fernando Martí que se convirtió trágicamente en el hijo de México; en el espejo en el que nos hemos visto miles de mexicanos: con miedo en la obscuridad, con nuestros sueños truncados. Estamos hoy aquí por todos los padres que han tenido que pasar por el doloroso trueque de la vida de un hijo y han visto sus vidas oscurecerse, por los que han sufrido asaltos, por las madres que han perdido a sus hijos, por los que han vivido secuestros, por los que han sido asesinados, por los que no salen de casa por miedo a no volver. Estamos aquí porque somos MEXICANAS, porque amamos y creemos en nuestro país, estamos aquí porque no queremos que se repita la historia de Fernando, porque queremos salir a la calle, al parque sin miedo y disfrutar de nuestros hijos, estamos aquí porque queremos UN MEXICO SEGURO” (texto escrito en una servilleta mientras encendíamos nuestras velas)
En memoria de Fernando Martí Haiat

El Mochilero Ilustrado… en la Gran Metrópoli

En el D.F. confluye una mezcla impresionante de cultura, arquitectura y arte; y si hablamos de museos nosotros tenemos para dar y regalar… ¡sí, señor! Nos decidimos un sabadito darnos a la tarea de recorrer los museos más representativos y comenzamos por el centro; clásico y lleno de museos increíbles y edificios fantásticos… ahí te va una mini guía:

Un lugar imperdible en el D.F. es Palacio Nacional. En este edificio podrás admirar los hermosos murales de Diego Rivera que pintó entre 1929 y 1951y que son, en la actualidad, uno de los legados más importantes de la plástica mexicana, en dónde el artista realizó la síntesis más elocuente de la historia de México. Alrededor del patio de Honor, se ubican las galerías de los presidentes e insurgentes, que sirven de antesala a los salones presidenciales. En éstos se observa mobiliario histórico y colecciones de objetos artísticos como candiles, candelabros y jarrones, entre otros. A raíz de las reformas efectuadas en la zona durante enero del año 2000, se acondicionó la parte anexa a la Capilla de la Emperatriz dando a todo el lugar, el nombre de Jardín Botánico, en honor de los botánicos del siglo XVIII que hicieron las maravillas de los paseantes. Realmente un lugar hermoso. Lo puedes visitar todos los días de 9 a 17 hrs

Otro museo que vale la pena recorrer es el Museo de la Caricatura; un bello e histórico edificio colonial que alojara al Convento de Cristo, en él se exponen caricaturas de diversos temas y autores, trabajos representativos de la historia y evolución de la caricatura desde 1840, así como testimonios sobresalientes de los caricaturistas mexicanos más señalados. Toda la crítica humorística que se ha producido a lo largo de estos años, se puede apreciar en el único Museo de la Caricatura en el mundo y te aseguramos que te divertirás con estos espléndidos trabajos. Lo puedes visitar de lunes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. Está ubicado en la calle de Donceles 99.

También en esta zona está el Museo Franz Meyer que es considerado uno de los más impresionantes del país. Es un museo de artes decorativas. La colección permite apreciar artes decorativas de distintas procedencias, materiales y estilos del siglo XVI al XIX. Platería, cerámica, mobiliario, textiles, escultura y pintura, también arte plumario, lacas, marfiles, carey, estampa, vidrio y esmaltes podrás admirar en este lugar. El edificio que actualmente ocupa el museo, es un lugar lleno de historia, por cuatro siglos funcionó como institución hospitalaria, destacando como el primer hospital de América de la Orden de San Juan de Dios. El claustro, que por su belleza es uno de los atractivos del museo, sirve de marco para exposiciones temporales y a través de éste se accede a tres salas ambientadas de la época virreinal: un comedor, una estancia y una capilla. Que son realmente hermosas. Un lugar excepcional es el claustro alto donde se encuentra la biblioteca Don Rogerio Casas Alatriste H. abierta al público y en especial a investigadores. Cuenta con más de 14 mil volúmenes entre los que destacan libros antiguos y raros, documentos históricos y 800 ediciones de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. (¡¡Imaginen leer 800 veces El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha!!)

Antes de recorrer otras zonas no podíamos perdernos El Museo de la Revolución Mexicana. El Monumento a la Revolución es uno de los símbolos más representativos de México, y protagonista de una de las revoluciones más significativas del siglo XX de Latinoamérica: Claro orgullosamente la nuestra. Ahí conocimos a Rosa, una guía que lleva casi 30 años platicando y replaticando la historia del museo y lo que éste alberga. Ella nos dijo que la idea de crear un museo de la Revolución Mexicana inició hace 74 años para ser exactos, en el Departamento de Historia del Museo Nacional, que había iniciado la organización de una colección con el fin de establecer un Museo Histórico de la Revolución; diversos obstáculos, entre ellos la falta de recursos económicos, impidieron que el proyecto del museo se llevara a cabo y hasta 1986, se retomó esta idea para la creación del Museo Nacional de la Revolución y fue encabezado por la Dra. Eugenia Meyer. Custodia la colección 63 en la historia de México: objetos y testigos de 1857 a 1920, y desde que se abrió al público ha sufrido algunas modificaciones; hoy cuenta con siete salas de exposición permanente y una más para muestras temporales. Del gran número de objetos que pude observar mi atención se centró en una edición facsimilar de la Constitución de 1917. La disposición de sus salas es un verdadero y divertido recorrido por la historia; para el montaje (o la museografía, como dirían los expertos) se usaron toda clase de técnicas visuales, lo que hace mucho más interesante y atractivo este lugar: se montaron ambientaciones que recrean desde una estación de ferrocarril, hasta una casa de campesinos; desde una mina, hasta un campamento revolucionario. Lo más increíble de este lugar es que también es Mausoleo… ¡Y por decreto presidencial! El 4 de febrero de 1936 se emitió un decreto que otorgaba al monumento la función de recinto funerario. Así que aquí se encuentra los restos de Venustiano Carranza que fueron trasladados en 1942, Francisco I. Madero fueron traídos del Panteón Francés el 20 de noviembre de 1960; los de Plutarco Elías Calles, que estaban en el Panteón Civil de Dolores, fueron traídos nueve años más tarde; los de Lázaro Cárdenas, han permanecido ahí desde su fallecimiento el 19 de octubre de 1970, y los de Francisco Villa fueron trasladados desde el Panteón Civil de Hidalgo del Parral, Chihuahua en 1976. ¡¿Qué tal?!

Cómo visitar un museo y no morir en el intento
Sí un desfallecimiento desconocido se apodera de ti cada vez que te piden en la escuela que visites algún museo; o te entra una taquicardia cuando entras a una de las salas de un museo o si no encuentras la diferencia entre cada una de ellas. Si todavía te preguntas ¿para qué entrar? O peor aún, te sigues de largo cuando pasas por el museo que sea. Todas son razones para que leas este párrafo y guardes algunos consejitos para poder disfrutar y entender esta necesidad que tiene el ser humano de preservar la memoria del mundo.
Muchas veces confundimos los museos con los lugares donde se encontraría lo culto, la “alta cultura”. Un ámbito escabroso para la gente como nosotros. Pero debemos tener en cuenta que el pasado, el arte… la magia, en tanto que forma parte de cada uno de nosotros, se encuentra en todos lados. Claro que también puedes pensar que para visitar un museo hay que estar debidamente preparado. Portar una “mochila cultural” diría yo, recordar el nombre de un autor conocido, saber diferenciar claramente las distintas corrientes o épocas. Sin embargo, entrar a una exposición de arte clásico o un museo histórico y desconocer en absoluto la cultura o ingresar a un museo contemporáneo y no tener la menor idea de las obras que nos vamos a encontrar, no debe producirnos temor o desconfianza. El prejuicio es el peor enemigo a la hora de ir a un museo. Por eso y, cómo fanática de los museos, mi mejor consejo es: “Para una persona que no tiene conocimientos de la materia, lo mejor es ir a ver y sentir”… Y eso de sentir a Ustedes se les da muy bien… así que, sin miedo, lánzate.